Sábado, 04 Abril 2020 12:58

Entrevista a Sifu Sebastián González

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Entrevista al Tai Sifu Sebastián González

“En las artes marciales chinas no hay atajos”

Me llamo Nadia Herrero y soy alumna del Centre Jing desde hace once años, cuando sentí una llamada a practicar una actividad marcial tradicional. Durante este tiempo me he ido interesando por diferentes disciplinas que se imparten en la escuela, lo que me ha llevado a leer, conversar y reflexionar sobre ellas.

El sifu Sebastián, al frente de la escuela desde su fundación hace 15 años, ha escrito varios artículos y libros sobre sus experiencias en las artes marciales chinas y el chikung que se desarrollan en la escuela. También ha tenido la oportunidad de entrevistar a otros maestros. Por ello, me pareció interesante que todos pudiéramos conocer un poquito mejor a la persona que hay detrás del sifu y seguir aprendiendo de él.

Con este deseo, el verano pasado le propuse hacerle una entrevista y él, sorprendido, aceptó tímidamente. Diferentes compromisos y urgencias de uno y de otro lado nos impidieron encontrar el tiempo y el momento para realizarla. Meses más tarde, la ralentización general que nos ha supuesto el confinamiento provocado por el coronavirus nos ha permitido mantener un encuentro virtual para abordar cuestiones como el trabajo de las formas, el entrenamiento con armas o el sistema de niveles en las artes marciales chinas.

Ha sido todo un honor poder mantener esta conversación con sifu de tan alto nivel y estoy muy ilusionada por haber tenido esta oportunidad y poderla compartir con vosotros. En un momento como el que estamos viviendo, las experiencias y opiniones de nuestro maestro, su sabiduría, recomendaciones y consejos nos brindan una excelente oportunidad para reflexionar y crecer interiormente.

Q. La primera pregunta que se nos suele hacer a los practicantes de artes marciales suele ser sobre nuestro nivel y el color de nuestro cinturón. ¿Qué opinas tú sobre los sistemas de niveles?

Las artes marciales japonesas se estructuran en grados  que se han incorporado en occidente y que de alguna manera motivan para el aprendizaje. Pienso que es conveniente tener un plan de estudios que paute el camino marcial, aunque éste no sea inamovible, pues los maestros van modificandolos con el tiempo. Por ejemplo, en tai chi antiguamente se enseñaba directamente la forma larga, pero actualmente se enseñan formas más cortas y asequibles para facilitar el aprendizaje. De hecho cuando yo empecé no había tantos niveles como ahora.

Básicamente, en cualquier arte marcial hay tres niveles que son: el inicial, el intermedio y el avanzado. Los contenidos se estructuran y distribuyen en estos tres niveles para ir aprendiendo de una manera lógica y ordenada.

En las artes marciales chinas, cuando llegas a sifu ya no hay más grados. Únicamente, cuando un sifu forma a otros sifus, sus alumnos comienzan a llamarle tai sifu, que vendría a ser un maestro o un guía de otros maestros. Esta antigua denominación se utiliza mayoritariamente en occidente, mientras que en Hong Kong simplemente se utiliza la de sifu. En mi caso, aunque algunas federaciones me han certificado, yo no doy mucha importancia a estos reconocimientos ni los persigo. Para mí la consideración de sifu es suficiente.

Q. Independientemente del color que lleve en su cinturón, ¿ en qué te fijas cuando ves a un practicante realizando una forma o un ejercicio para hacerte una idea sobre su nivel?

Adam Hsu, un maestro que ha publicado numerosos artículos y libros, comparaba el aprendizaje de las artes marciales chinas al de unos estudios universitarios. No es posible coger ningún atajo, para llegar a la universidad primero es necesario pasar por primaria, secundaria y el bachillerato.

Observando la estructura y la forma de moverse de una persona es fácil deducir su nivel. También el tiempo que lleva practicando te da una idea del punto en el que se encuentra. Diríamos que un principiante debe aprender la estructura, los caballos, los desplazamientos y los golpes y patadas básicas. A partir de aquí, el practicante va desarrollando su habilidad.

En el nivel intermedio ya se trabajan combinaciones de puños, de patadas, mejores desplazamientos, combinaciones de ataque y defensa más complejas, Se desarrolla más fuerza, foco y timing y se inicia en el manejo de las armas. Y un practicante avanzado debería ser capaz de desenvolverse en distancias más cortas, soporta mayor presión en el combate, aplica estrategias de los animales del kungfu, genera fuerza de maneras más sutiles y trabaja con armas más complejas.

Y a partir de aquí, el camino puede seguir, se pueden aprender conceptos más profundos, diferentes tipos de fuerza, trabajar con armas todavía más complejas, etc… El camino es largo, mis maestros todavía siguen aprendiendo y yo también. Estar abierto es muy conveniente para evolucionar, para trabajar diferentes interpretaciones de una misma técnica y enriquecer tu kung fu. Por otro lado, a lo largo del trabajo corporal que implica la práctica marcial, también está el aspecto mental que puede ir evolucionando paralelamente. Por ejemplo, a través de este camino la concentración mental se va ejercitando y el alumno puede irse introduciendo en diferentes ejercicios de Nei Gong (QiGong) propios de cada sistema, algunos de los cuales son la meditación.

Q. Un trabajo característico en el aprendizaje de las artes marciales chinas y el chikung es el trabajo de las formas. Existen muchas formas y parece imposible dominarlas todas. ¿Cómo debe realizarse este trabajo para que sea realmente efectivo?

En las artes marciales externas, el maestro Hu Yuen Chou explicaba que, una vez memorizada la secuencia, hay que entrenar las formas a tres ritmos o velocidades: primero debe hacerse lenta para poder concentrarse en la correcta ejecución de la técnica, después debe hacerse una segunda vez fuerte (no rápido), dando potencia y contundencia a las técnicas y, finalmente, hay que hacerla una tercera vez a la máxima velocidad posible, aunque ello implique que se desdibuje o se deforme un poco. Ejercitarse de estas tres maneras contribuye a mejorar la técnica, la potencia y la velocidad. Debe trabajarse así hasta que salga correcta y fluida. Siempre se puede mejorar y siempre se puede profundizar, pero cuando sale con fluidez, uno puede estar preparado para aprender la siguiente forma.

Algunas veces se aprenden formas de mayor nivel del que uno tiene y esto puede resultar interesante, pero a la vez tiene algunas limitaciones y desventajas. Puede ocurrir que conectes fácilmente con una forma avanzada y que ésta te ayude a trabajar aspectos de tu nivel, pero a veces  suele ocurrir que sencillamente no la entiendas y que sin la base previa necesaria no se comprenda el sentido de lo que estás haciendo.

Respecto a la cantidad de formas que se deben aprender, como siempre, depende de la disciplina y de cada persona. Cada disciplina tiene un diferente número de formas. El Choy Li Fut surgió a partir de la fusión de tres sistemas diferentes y por ello es tan versátil y tiene infinidad de formas. En Tai Chi Chuan, a pesar de que la forma larga se segmentó en formas más cortas para facilitar su aprendizaje, hay muchas menos formas que en Choy Li Fut. En el Wing Tsung, por ejemplo, solo hay tres formar de mano vacía, a veces esto hace que muchos practicantes lo terminen encontrando monótono y abandonen.

En el caso del Choy Li Fut, al tener tantos recursos, los maestros pueden adaptar la práctica de las formas a cada persona según sus características corporales, ya sea más lenta, más o menos corpulenta, fuerte, etc. Si alguien se estanca en una forma, se puede fácilmente cambiar a otra del mismo nivel y volver a la anterior cuando se esté preparado. En este sentido, a pesar de que es una disciplina muy complicada, disponer de tantos recursos es una ventaja.

Para ser un experto no es necesario aprender todas las formas, depende mucho de cada persona. Por ejemplo, si el objetivo del alumno es el combate y defenderse en niveles avanzados, quizás con unas 10 formas de mano vacía sea suficiente. Pero si quieres dedicarte a ser profesor y enseñar a otras personas, cuantos más recursos tengas, mejor. Aunque no enseñes todas las formas, es importante conocer los conceptos que hay detrás de ellas para trabajar con los alumnos. En otros  sistemas como el Tai Chi, en los que no hay tantas formas, se entrena sobre los principios esenciales, como la estructura corporal, la energía peng, etc.

Q. Por mi experiencia, resulta mucho más complicado hacer bien las formas de armas. Por un lado, hay que tener muy buena base para transmitir la energía y el movimiento al arma, por otro lado, las aplicaciones pueden estar más escondidas. Háblanos del entrenamiento con armas, qué requiere este trabajo, cómo debe realizarse.

Efectivamente, las armas requieren una base mucho más trabajada. El entrenamiento con armas ayuda a mejorar la coordinación de movimientos y a fortalecer la base.

Las primeras armas que se enseñan son las dagas y el sable, por tratarse de armas cuyas aplicaciones son mucho más claras que, por ejemplo, el palo, que tiene defensas o ataques poco visibles. El trabajo con estas armas ejercita la cintura, la cadera y los hombros, y contribuye a aumentar la coordinación y la destreza del alumno.

Después de haber entrenado con armas, cuando se vuelve a trabajar en la modalidad de mano vacía, se notará que habrás desarrollado una mayor habilidad. El entrenamiento de mano vacía y con armas es un aprendizaje conjunto en que ambos se benefician mutuamente.

Q. Déjame hacerte alguna pregunta más personal. A lo largo de tu estudio y de tu aprendizaje ¿qué es lo que te ha resultado más difícil de aprender o de dominar?

El sistema Bagua Zhang me ha supuesto un desafío, pues es un sistema muy complicado y diferente de los sistemas de Shaolín. Este sistema implica una gran coordinación, una consciencia corporal muy grande y una manera de moverse y de generar fuerza muy peculiar, totalmente diferente de la que ya tenía muy trabajada. Es una disciplina muy compleja a la que encuentro muy afín al Choy Li Fut en los niveles avanzados.

Del Tai Chi Chuan destacaría el trabajo de empuje de manos “Tui Shous”, pues no es sencillo y requiere ejercitar la sensibilidad. Un buen entrenamiento en los Tui Shous implica mucha dedicación y tiempo, especialmente si realizas los ejercicios con armas, lo cual es más complicado aunque tremendamente interesante. Hoy en día se tiende a buscar atajos para obtener resultados rápidos y poca gente está dispuesta a dedicar la atención y energía necesaria para dominar estas prácticas.

En cuanto al Choy Li Fut, subrayaría el entrenamiento de las diferentes maneras de generar fuerza, denominadas Gim, lo cual requiere de mucha práctica y dedicación. Por ejemplo, hacer correctamente un Chuin-nao “Mano de ancla”, es muy difícil.

Q. Y como maestro, ¿qué crees que es lo que más cuesta enseñar?

Cada persona es un mundo, a algunos alumnos les cuestan especialmente los movimientos de brazos, a otros los de piernas, los desplazamientos… En general cuesta bastante coordinar las combinaciones de técnicas de mano y pie, y aún más si se practican con desplazamientos.

Por otro lado, lo que más cuesta hacer entender a los alumnos, hoy en día,  es que son disciplinas de lento aprendizaje y requieren de dedicación. En general, la gente está impaciente por progresar y quiere avanzar rápidamente, pero no está dispuesta a invertir en ello el tiempo y energía necesarios.

Q. Para finalizar, ¿qué consejo darías a tus alumnos para sacar el máximo partido a su práctica?

Cuando se está empezando, lo más importante para tu aprendizaje y tu progreso es la constancia y la regularidad en la práctica. Es necesario dedicar energía para asentar la base y esto significa constancia y repetición. Conseguir un verdadero avance practicando una actividad tan compleja un día a la semana es muy difícil. Cuando ya tienes un cierto nivel es diferente, porque al tener incorporados los conocimientos básicos, el aprendizaje no es tan lento, comprendes mejor lo que se entrena en las clases, y tienen un mayor interés para ti, lo cual hace que las aproveches mejor.

Por otro lado, para el progreso de un alumno más avanzado es fundamental comprender lo que se está haciendo y no olvidar el espíritu del principiante, la curiosidad. No se trata exclusivamente de repetir los ejercicios y sencillamente hacer las formas, sino que se debe comprender el sentido de las técnicas para desarrollar la intención, la energía propia de cada movimiento y su aplicación. Cuando trabajas con conciencia se desarrolla mejor el sentido y el aprendizaje que hay detrás de este entrenamiento o la forma que estás trabajando.

 

A lo largo de nuestra charla, el sifu Sebastián ha insistido mucho en que el camino marcial es largo y dedicado y en que en este camino no hay atajos. No obstante, en una sociedad cada vez más tecnológica en la que impera la inmediatez, el público es cada vez más ansioso e impaciente y busca resultados rápidos y nuevos estímulos. Me viene a la cabeza la frase del calendario 2020 del Centre Jing “no temas ir lento, teme solo a detenerte”. En este punto, valores como la perseverancia, el compromiso, la confianza y la paciencia me parecen cruciales para incorporar aquellos conceptos de la disciplina no estrictamente de tipo físico o técnico, sino más en el plano psicológico y ético. Quizá, cuando nuestro ego nos aceche con ese aburrimiento, con esa prisa y con esa ambición, nuestro trabajo personal debería ser recordar esta frase del calendario y todo su significado.

Tomar conciencia de lo inconmensurable del arte marcial puede desalentar a mentalidades impacientes y consumidoras de productos rápidos, pero supone un reto muy atractivo para aquellas mentalidades curiosas y tranquilas que valoran la calidad y la riqueza de una práctica compleja por encima de la prisa y la aparente monotonía.

Hemos elegido practicar unas disciplinas antiguas, tradicionales, que tienen una profunda filosofía detrás y gracias a ello son enormemente ricas en contenidos y en matices. Pretender avanzar muy rápido posiblemente nos llevará a iniciarnos en nuevas formas y técnicas que pueden resultar muy estimulantes. Pero, por otra parte, con toda probabilidad no estaremos preparados para asimilar los aprendizajes que contienen. El precio de ese atajo habrá sido renunciar a una parte de conocimientos relevantes que solo se revelan con el tiempo, la paciencia y la práctica, por lo que será imposible la verdadera comprensión del sistema.  

Tenemos buenos maestros, pero queda en nuestra mano ser buenos alumnos, pues el aprendizaje es un trabajo clave que ningún maestro, por bueno que sea, puede hacer por nosotros.

Nadia Herrero, 25 de marzo de 2020